Kathy y la Luna

En la Luna vivía una hermosa dama, que se enamoró de un campesino. Tuvieron un bebé, pero ella no podía quedarse en la Tierra, así que volvio a su hogar en la Luna, donde debía estar, y bajaba a visitar a su bebé de vez en cuando. Hasta que un día el campesino murió y el bebé se perdió y nadie lo volvió a ver, aunque cuentan que la Luna lo vigila y protege desde el cielo.
Esta es la historia que Kathy cuenta una y otra vez en el orfanato donde se ha criado desde que la encontraron, abandonada en el bosque, acunada por el aullido de los lobos. La niña, triste y extraña, siempre la ha recordado y nadie sabe de dónde o de quién la sacó…

Lápices de colores, tinta blanca y rotulador plateado sobre papel negro. Tamaño A3.

Esta historia me la inventé cuando tenía unos 11 años. En realidad es mucho más larga, y contenía más personajes. A Kathy la adoptaba una señora adinerada con un hijo de su misma edad, y ella se iría a vivir a su mansión y seguiría tan extraña como siempre. También aparecería una mujer muy hermosa que se había perdido y llegaría a la mansión una noche. Y sí, los lobos volverían a aparecer, de alguna manera. Ademas, había varias versiones diferentes de ciertas partes de la historia, especialmente en el relato de la Luna, el campesino y su bebé. De todos modos, nunca llegué a desarrollar la historia del todo, así que no hay necesidad de contar mucho más. Este dibujo es una especie de ilustración de esa historia.

Lo cierto es que de niña siempre me estaba inventando historias. Esta es tan sólo una de muchas. Nunca llegué a escribirlas, porque por extraño que os pueda parecer, no me gustaba escribir (de verdad de la buena). Tampoco se me ocurrió nunca hacerlo. No eran historias para ser escritas; simplemente me gustaba verlas en mi cabeza una y otra vez.

Quién sabe, tal vez un día de estos me dé por hacer más dibujos de aquellas historias inventadas de mi niñez que aún hoy en día sobreviven dentro de mi cabeza.

Cuéntame un cuento (I)

Recuerdo que lo pensé alguna vez, la idea se me pasó fugazmente por la cabeza. Debía tener unos 13 años. Pensé: “a lo mejor de mayor podría hacer los dibujos de los cuentos y los libros infantiles, como los que tengo en casa”.

La idea, como ya he dicho, fue fugaz y pronto la deseché, supongo que porque veia que yo no daba para más y me centré en los estudios y otras cosas, para buscarme la vida por otro camino. Lo cierto es que yo siempre he visto el dibujo y la pintura como un hobby, y nunca pensé seriamente en ser profesional. En cierto modo, sigo pensando de esa manera. No sé si es un pensamiento autoimpuesto porque nunca llegué a desarrollar esa faceta o simplemente porque prefiero dibujar lo que a mí me gusta y no lo que otros me pidan, o por simple cobardía, ya que desde luego no tengo el nivel suficiente para ello, porque nunca lo estudié ni me lo tomé en serio por aquel entonces.

Pero da igual, el caso es que durante un breve lapso de tiempo lo pensé, y es algo que siempre he recordado. Así que el año pasado decidí desquitarme y hacer una serie de ilustraciones de cuentos infantiles de toda la vida. Estos son los dos primeros:

Rapunzel, del cuento de los hermanos Grimm, atrapada en su torre.

Materiales: lápiz, tinta y lápices de colores sobre papel de color amarillo anaranjado.

La Bella y la Bestia. Hay muchas versiones de esta historia, pero esta ilustración en particular está basada en la de Madame Leprince de Beaumont, que es la que recuerdo haber leído cuando era una niña.

Materiales: Boceto a lápiz. Rotulado con tinta negra y lápices de colores sobre papel de color morado. Utilicé tinta blanca para hacer resaltar las rosas blancas, entre otras cosas.

Tengo más en el horno por salir, pero como siempre, están aún en mi cabeza o sin terminar.