Cuéntame un cuento (I)

Recuerdo que lo pensé alguna vez, la idea se me pasó fugazmente por la cabeza. Debía tener unos 13 años. Pensé: “a lo mejor de mayor podría hacer los dibujos de los cuentos y los libros infantiles, como los que tengo en casa”.

La idea, como ya he dicho, fue fugaz y pronto la deseché, supongo que porque veia que yo no daba para más y me centré en los estudios y otras cosas, para buscarme la vida por otro camino. Lo cierto es que yo siempre he visto el dibujo y la pintura como un hobby, y nunca pensé seriamente en ser profesional. En cierto modo, sigo pensando de esa manera. No sé si es un pensamiento autoimpuesto porque nunca llegué a desarrollar esa faceta o simplemente porque prefiero dibujar lo que a mí me gusta y no lo que otros me pidan, o por simple cobardía, ya que desde luego no tengo el nivel suficiente para ello, porque nunca lo estudié ni me lo tomé en serio por aquel entonces.

Pero da igual, el caso es que durante un breve lapso de tiempo lo pensé, y es algo que siempre he recordado. Así que el año pasado decidí desquitarme y hacer una serie de ilustraciones de cuentos infantiles de toda la vida. Estos son los dos primeros:

Rapunzel, del cuento de los hermanos Grimm, atrapada en su torre.

Materiales: lápiz, tinta y lápices de colores sobre papel de color amarillo anaranjado.

La Bella y la Bestia. Hay muchas versiones de esta historia, pero esta ilustración en particular está basada en la de Madame Leprince de Beaumont, que es la que recuerdo haber leído cuando era una niña.

Materiales: Boceto a lápiz. Rotulado con tinta negra y lápices de colores sobre papel de color morado. Utilicé tinta blanca para hacer resaltar las rosas blancas, entre otras cosas.

Tengo más en el horno por salir, pero como siempre, están aún en mi cabeza o sin terminar.

Sant Jordi 2011 (2ª parte)

Como ya dije, mis libros de Sant Jordi no se acababan en el post anterior, porque me quedaban un par de amiguetes por ver y que me dieran sus respectivos libros, y viceversa. Aquí están los otros dos libros que he recibido por Sant Jordi este año:

El amanecer de los conejitos suicidas, de Andy Riley. Este es el tercer libro de una serie de viñetas bastante conocida (yo no tengo los dos anteriores, pero da igual, la premisa es la misma). Un bonito regalo de mi twin Yishana y Querdelf, el elfo del siglo XXI que en realidad vive atrapado en 1995. Estos tiernos y adorables conejitos desean abandonar este mundo a toda costa, y no dudarán en intentarlo por todos los medios, aunque sea de la manera más rebuscada. Como reza el comentario de la contraportada, “no debería ser divertido de ninguna manera, pero lo es”, y mucho, subrayo yo misma tras echar un vistazo a algunas de las páginas de este cómic.

Under the Dome, de Stephen King, que me ha regalado con todo el cariño mi querido primo Kamechan. Del argumento, ni idea, pero ya lo veré cuando lo lea. Seguro que estará cuanto menos, entretenido. No sé si al resto de los de mi generación os pasaría lo mismo, pero cuando yo iba al instituto entre todos los de la clase parecía haber un consenso general de que Stephen King era lo más. La mayoría no leían mucho por placer más allá de las lecturas obligatorias que nos mandaban, pero cuando lo hacían, leían a Stephen King, y les encantaba Stephen King. Yo era la que más leía de toda mi clase con diferencia, pero nunca llegué a leer nada suyo, a pesar de que tenía bastantes ganas de hacerlo por todo lo que oía (nunca me compraba libros, no lo necesitaba, porque mi casa ya estaba llena de ellos de antemano, así que leía lo que tenía en casa; había más de 1000 libros pero ninguno era de este señor, qué le vamos a hacer). La verdad es que con los años me aficioné a otras cosas y no volví a pensar en el tema, pero ahora que tengo este librito, mira por donde, voy a empezar. Además, Kamechan sabe que me encanta leer en VO y me lo ha regalado en inglés, qué apañado. Y además, es un tocho, y yo amo los tochos. Los libros, cuanto más gordos, mejor.

Por supuesto yo también he regalado mis respectivos libros de Sant Jordi a todos ellos, pero mejor que los reseñen ellos en sus respectivos blogs.

¡Sant Jordi 2011!

Cuenta la leyenda, que hace muchos, muchos años, un dragón tenía atemorizado a un pueblo, al cual atacaba sin piedad. Los habitantes del pueblo decidieron entregar dos corderos al dragón cada día para que fueran devorados por él y saciara su hambre, evitando así que atacara la villa en busca de otros alimentos. Un día, los corderos empezaron a escasear y no tuvieron más remedio que empezar a enviar personas al dragón. Se hacía un sorteo, y al desgraciado que resultaba elegido no le quedaba otra opción que acudir a su fatal encuentro con la bestia. Un día, en el sorteo, salió el nombre de la hija del Rey, y la desdichada princesa tuvo que encaminarse hacia la guarida del dragón. Mientras caminaba rumbo a su fatal destino, se encontró con San Jorge. Éste, al oír su historia y el terrible final que la aguardaba, se ofreció a rescatarla. Se enfrentó al dragón y lo mató, y de la sangre que fluyó del cuerpo sin vida del dragón nació una rosa.

De esta leyenda nació la tradición de regalar una rosa a la mujer amada, y como además resulta que el día de San Jorge, o Sant Jordi por estos lares, es también el Día del Libro (por aquello de que es el día en el que murieron Cervantes y Shakespeare), se instauró en Cataluña la bonita tradición de regalar una rosa a la mujer amada, y un libro al hombre amado.

Como yo digo siempre, las tradiciones no hay por qué cumplirlas a rajatabla, es decir, yo prefiero mil veces que me regalen un libro a que me regalen una rosa. A las mujeres también nos gusta leer, ¿y por qué no vamos a poder regalarle rosas a un hombre? En fin, que mi parte contratante lo sabe muy bien y nosotros nos regalamos mutuos libros por Sant Jordi, y nada de rosas.

Pero eso no quita que os regale una rosa a todos los que paséis por aquí a leer mi humilde blog:

Rosa negra sobre papel negro, qué le vamos a hacer, tengo debilidad por ellas...

Y por supuesto, no podía faltar una mini reseña de los libros que me han caído en este Sant Jordi:

El cuento del grial, de Chrétien de Troyes (Edición bilingüe de Martín de Riquer, por la editorial Acantilado). Ando estos días viciándome a la literatura medieval, y en especial a las Leyendas Artúricas, así que estoy encantada con esta edición de uno de los clásicos entre los clásicos sobre este tema que me ha regalado mi parte contratante. Se trata además, de una edición bilingüe, que incluye el cuento en verso original en francés, y su traducción en prosa al castellano. Mi francés es lo más básico del mundo, pero me pirran las ediciones bilingües y seguro que puedo comparar y aprender mucho con esto. Al fin y al cabo, no son idiomas tan dispares el uno del otro.

La Bruja. Un estudio de las supersticiones en la Edad Media, de jules Michelet (por la Editorial Akal). El libro anterior ya me lo medio esperaba, así que mi parte contratante también me ha sorprendido con este otro, que no conocía, pero que tiene una pinta increíble. Es un análisis sobre la brujería y sus rituales en la Edad Media, a través de datos recogidos en actas judiciales, manuales de inquisidores y demás documentos de la época. Por lo poco que he podido ver, el autor, un importante historiador francés del siglo XIX, no se limita al mero análisis y exposición de datos, sino que cuenta las historias que componen el libro a modo de narración, y algunos pasajes que he curioseado al azar me han dado unas ganas tremendas de empezarlo. Pero todo a su tiempo…

Y no os penséis que la cosa acaba aquí, porque yo también me he autorregalado algo. De hecho, es un libro al que le tenía echado el ojo desde hacía bastante tiempo:

¡Los Viajes de Marco Polo! El famoso explorador veneciano es una figura que siempre me ha llamado la atención desde mi más tierna infancia, y en esta obra recogió sus viajes y aventuras por regiones que hasta entonces eran desconocidas por sus coetáneos, y sus contactos con los pueblos y culturas que las habitaban. Hacía muchos meses que miraba este libro en la librería con ojos de “mmmmh, me lo tengo que comprar algún día”… Pues bien, ese día ha llegado y ya forma parte de mi biblioteca.

Y aún queda, porque, como ya he dicho anteriormente, no hay por qué cumplir las tradiciones a rajatabla, y por lo tanto, no sólo las partes contratantes nos regalamos libros mutuamente. Entre mis amigos también nos los regalamos. Pero como no nos hemos visto hoy, tendrá que esperar la cosa un día o dos…

A veces me gustaría no tener que trabajar ocho horas diarias para poder leer y dibujar todo el tiempo… qué penita.

¡Feliz Sant Jordi a todos!