Las niñas de los lápices

Hace poco más de una semana, el viernes por la tarde, me encontraba deambulando por el barrio de Grácia, mientras esperaba la hora de mi cita en la peluquería. Como el día era soleado y precioso, me senté en una placita que estaba justo enfrente, y me dispuse a matar el tiempo allí durante la media hora que faltaba para entrar. He cogido la costumbre de llevar un bloc de dibujo y un estuche con lápices en el bolso, porque nunca se sabe cuándo se te va a presentar la oportunidad de dibujar algo, y además me he propuesto dibujar algo, por churro que me salga, todos los días, así que los saqué, y me puse manos a la obra.

Comencé dibujando una hoja que había en el suelo, que degeneró en un racimo de uvas cutre que me inventé, y entonces me fijé en el banco de enfrente. Había una madre con su hija, una niña muy risueña y alegre, que a veces bajaba al suelo a jugar, y a veces se sentaba junto a ella. Me gustó la imagen, así que empecé a dibujarla. Las miré un par de veces de reojo, y me quedé con la imagen para no levantar demasiado la vista, porque no quería que se dieran cuenta de que las miraba. A partir de ahí ya no aparté la vista del bloc. Apenas había hecho un bocetillo muy simple, y entonces me di cuenta de que tenía a alguien al lado y levanté la cabeza. Era la niña, que me miraba con esa cara de impaciencia y curiosidad que sólo los niños tienen:

-¿Puedo mirar?- Me dijo.

La dejé mirar, vio mi esquemático boceto, que apenas se parecía a la realidad, puso los ojos como platos, esbozó una sonrisa y se giró hacia su madre:

-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Nos ha dibujado a nosotras!

La madre se acercó y sonrió también.

-Es que a ella también le gusta dibujar.

Volvió a sentarse en el banco de enfrente, pero la niña se quedó a mi lado, y se sentó en el banco conmigo.

-¿Y tú dibujas porque quieres, o por qué?

-Claro, porque quiero. ¿Me dibujas tú algo?

-Voy a dibujarte a ti.

Le dejé el lápiz y el bloc y me coloqué delante de ella mientras se entregaba a la tarea. Levantaba la vista, me miraba, la bajaba y trazaba.

-No mires.- Me decía de vez en cuando.

-No, no miro.- Le decía yo, mientras me quedaba quieta. – Pero tienes que darte prisa, que tengo que entrar en la peluquería dentro de un ratito.

Se esmeró y acabó su obra. Y finalmente me la enseñó. Ahí estaba yo. No me faltaba un detalle. Y la niña había dibujado una línea que iba de mis ojos al dibujo que yo había hecho de ella con su madre.

-Eso significa que nos estás mirando a nosotras- dijo.

-Es muy bonito. Lo haces muy bien. Ahora me lo tienes que firmar – Le contesté.

-Yo también tengo una libreta de éstas – Me dijo. sonriendo, después de haberlo firmado.

-Pues llénala, llénala todo lo que puedas. Llena todas las libretas que puedas. – Y me despedí de ella con una sonrisa, y de su madre, y me metí en la peluquería, porque ya era la hora.

Este fue el resultado de nuestra hermosa colaboración:

Yo conocí a una niña como ella, aunque esa niña nunca hubiese sido tan echada para adelante como para hablarle a una desconocida, pero le gustaba dibujar igual, de hecho se pasaba las horas haciéndolo. Era, junto con leer, lo que más le gustaba en el mundo, y le hubiese encantado aprender a dibujar, pero nunca tuvo la oportunidad de hacerlo, y como la pobre tenía la autoestima más reducida que la partícula de un átomo, acabó dejándolo aparcado porque pensó que nunca sería buena, y se dedicó a otras cosas, mientras envidiaba a los que sí tenían ese “talento”. Luego, algo más mayor, volvió a coger los lápices, y se dio cuenta de lo mucho que lo echaba de menos, luego lo volvió a dejar, por causas ajenas, y luego volvió otra vez, porque hay ciertas cosas que una siempre lleva dentro y que tarde o temprano vuelven a salir, por mucho que las ignoremos. Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión. Basta decir que a veces nos centramos tanto en las cosas “importantes” que no nos damos cuenta de otras que lo son tanto o incluso más para nosotros.

Me alegro de haberme dado cuenta, y de saber que nunca más voy a dejarlo. Y en cuanto a si soy buena o no… en fin, eso ya no me importa, ya veremos cómo me va en las clases. Empiezo esta semana…

P.D.: Aviso que el blog puede volverse muy monotemático a partir de ahora. 😉