Ojos azules

 

 

 

– Hey-. Murmuré, intentando atraer su atención.

Ella no levantaba la vista y seguía concentrada en su lectura.

– Me gustaría sumergirme en el mar de tus ojos azules-.

Sonrió con displicencia, cerró el libro y dio media vuelta, probablemente hacia otro lugar en el que nadie se atreviese a molestarla. Seguía sin alzar la vista.

Nunca llegué a saber si había acertado el color de sus ojos.

 

 

 

 

Don’t fear the Reaper

La muerte es parte de la vida, tan cierto como que acaba con ella, y precisamente por eso a su alrededor giran todo tipo de inquietudes, creencias, rituales, supersticiones y símbolos que nos recuerdan que siempre está ahí, y que es una de las pocas cosas de las que no nos vamos a librar.

Como ocurre con los conceptos abstractos que sin embargo tienen enorme peso en nuestras vidas, todas las culturas han intentado dotar de una personalidad a la muerte, como si ésta fuese un ser con el que te puedes encontrar y conversar, muy propio de los seres humanos, que nos creemos el centro del universo y por ello nos cuesta aceptar nuestra mortalidad. ¿Quizás por eso la representación de la muerte, el esquelético segador que nos acecha con su guadaña, es tan oscura, sombría y aterradora?

En realidad el origen de esta imagen está en un hecho muy concreto del siglo XIV: la epidemia de peste negra que asoló Europa, matando a 25 millones de personas. La enfermedad convirtió a la muerte en algo tangible, que se podía ver, oler y tocar, y no era nada agradable. Fue entonces cuando los autores y artistas de la época comenzaron a representarla como una figura esquelética, a veces sosteniendo un arma, que posteriormente se convertiría en una guadaña, con la que “segaba” las vidas de las personas. A veces, una muchacha joven aparecía junto a esta figura, recordando el vínculo existente entre la vida y la muerte. Ningún objeto ni característica del segador es casual. Todo tiene su significado: el esqueleto representa la descomposición de la carne; el manto negro, el luto, la oscuridad y lo desconocido; la guadaña es el instrumento con el que siega las almas que cosecha para llevarlas al más allá; y el reloj de arena que sostiene nos recuerda que tenemos los día contados, que todo tiene un final.

En otras culturas, pasadas y presentes, la muerte se personifica de otra manera, en unas es aterradora y monstruosa, en otras atractiva y agradable a la vista. Quizás sería mejor esto último, y que una cara bonita nos acompañara en nuestro último viaje. En nuestra sociedad, sin embargo, esta imagen del esquelético segador ha perdurado hasta nuestros días, trayendo consigo sus supersticiones, su pesimismo y el miedo a la muerte que hoy en día nos sigue acechando, y dudo que se nos vaya de la cabeza tan fácilmente. Al fin y al cabo es una herencia que nos viene de lejos.

Death and the Maiden… or Death is the Maiden?

Para saber más podéis leer:

http://en.wikipedia.org/wiki/Death_(personification)

http://science.howstuffworks.com/science-vs-myth/strange-creatures/grim-reaper.htm

Una de bocetos (V)

¡Más bocetillos del año pasado para no dejar este blog del todo parado este verano!

Experimentando con animales: rotulador de punta fina y lápices de colores.

Una niña y su elefante rosa. Rotulador de punta fina y lápices de colores.

Blanco y negro. Rotulador de punta fina.

Lágrimas de la noche. Rotulador de punta fina, tinta blanca y un toque de plateado.

Una pequeña hada. Rotulador de punta fina y lápices de colores

Cualquier momento es bueno para practicar. La prueba es este bocetillo de 20 minutos que hice en mi Moleskine con un boli y un rotulador en la oficina, durante la hora libre para comer.

Me ke aloha pumehana!

Una compañera me convenció para asistir a un taller de hula (como se conoce a la danza hawaiana). Si bien no profundizaré más en aprender este tipo de bailes, por falta de tiempo, más que nada, esta primera toma de contacto me ha servido para conocer un poco más de cerca a este baile ancestral, y como me ha gustado mucho lo poco que he podido aprender en unas pocas horas de taller, me gustaría compartirlo con vosotros.

El hula tradicional se llama kahiko y tiene sus orígenes en los polinesios que se establecieron antiguamente en Hawaii. Este baile acompaña a unos cánticos llamados meles, cuyas letras tratan hechos mitológicos e históricos. Al ser la lengua hawaiana de tradición oral y no existir en forma escrita, estos cánticos, acompañados de los gestos del baile, servían de código para mantener estas historias y transmitirlas de unos a otros. Así, cada gesto que se realiza con las manos durante el baile corresponde a una palabra. La letra del cántico era, pues, muy importante, así como ejecutar bien los gestos para interpretarla correctamente. Podría decirse que en el hula se dramatiza, o se “canta” con el baile la letra del mele.

Los misioneros protestantes que llegaron a Hawaii en la primera mitad del siglo XIX prohibieron esta danza por considerarla inmoral. No obstante, se siguió practicando en privado. Durante el reinado del rey Kalakaua, que fomentaba las artes tradicionales, se revivió el hula. El rey Kalakaua era conocido como “The Merrie Monarch (el monarca alegre)”, ya que le gustaba disfrutar de la vida. Hoy en día su nombre se recuerda con el Merrie Monarch Festival, un festival de hula en su honor.

También a partir de entonces surgió otro tipo de hula, el auana o hula moderno, mucho más influido por la música y los instrumentos occidentales, como la guitarra y el ukelele.

Los pasos básicos del hula son:

Lele:  Paso simple con balanceo de cadera.

Kaholo: Paso común, 4 pasos a un lado de derecha a izquierda (simboliza las olas del mar)

Hela: Un pie hacia el frente y vuelve a su lugar y viceversa. La cadera se balancea.

Uwehe: Se levanta el pie derecho mientras la cadera se balancea, vuelve al sitio y se llevan las rodillas hacia el frente o los laterales levantando ambos talones. Se repite el procedimiento con el pie izquierdo.

Estos pasos básicos, claro está, luego se complican y diversifican en multitud de variaciones. Y por supuesto no hay que olvidar lo más importante: los gestos con las manos. Aquí tenéis algunos ejemplos:

Para terminar, os muestro dos vídeos de sendas actuaciones en el Merrie Monarch. El primero corresponde a la modalidad kahiko y el segundo a la auana.

Y esto es todo lo que os puedo enseñar. Si habéis logrado llegar al final de este ladrillo, sólo me queda deciros:

MAHALO NUI LOA! (o lo que es lo mismo, ¡muchas gracias!)

Una de bocetos (IV)

Como este mes apenas he podido dibujar nada, porque ando muy ocupada de mudanza, como ya advertí, voy a compensarlo con una nueva entrega de bocetos. Les toca el turno a los hechos en septiembre y octubre del año pasado:

Un hada rápida. Hecha con bolígrafo en mi Moleskine en apenas 15 minutos. Recuerdo que la hice a todo correr justo el día que volvía de mis vacaciones de verano.

Un pequeñísimo dibujo (tamaño A6) hecho a bolígrafo a partir de una de las fotos de un viaje a Roma que hice hace ya algunos años.

El producto resultante de un rato de aburrimiento en la oficina.

Otro boceto a pequeña escala (A6). Hecho con bolígrafo y lápices de colores. Mi idea es algún día hacer un cuadro o una versión a lápices de colores de mucho mayor tamaño.

Cantando bajo la lluvia. Bolígrafo y lápices de colores. Tamaño A6. Ultrarrápido. Tal vez unos 20 minutos.

Una de bocetos (III)

¡Aquí van más bocetillos! Ahora le toca el turno a una selección de los realizados en agosto del año pasado.

¡Burbujas con sorpresa!

¿Quién no ha querido nunca dejar volar su alma y su corazón?

Una geisha en 10 minutos usando una foto que encontré como referencia.

Steampunk time! Hecho con portaminas usando esta foto de referencia.