Ebullición

Los que me conocéis ya sabéis que en realidad soy traductora, y que mi web y blog profesional es esta. Sin embargo, lo confieso: normalmente me apetece mucho más actualizar este, mi blog artístico y personal, que el profesional. Es más íntimo y ecléctico y, si algo soy, es ecléctica, no lo pongo en duda.

Me pregunto por qué, a veces, pasamos por estados de ebullición que nos inundan la mente. En mi caso, estos se manifiestan con borbotones de imágenes que me bailan en la cabeza, a las cuales tengo que dar forma como sea. Quizá por eso siempre he sentido el impulso de dibujar.

Sin embargo, me preguntaba por qué estos estados siempre aparecen cuando más ocupada estoy, cuando menos tiempo tengo para dedicar a mis aficiones, a mi terapia personal. Pero así es: cuanto más activo está mi cerebro, más divaga y se da una vuelta por los cerros de Úbeda, o más lejos aún, acompañado de imágenes, palabras y música.

Al final he llegado a una conclusión. Hace no mucho, cuando me autoimpuse dibujar cada día por poco que fuese durante un año, me quedó claro: la imaginación no se tiene, se cultiva. Se siembra, se riega, se la libera de malas hierbas y con paciencia se recolectan los resultados. Cuanto más se ejercita la imaginación, más se tiene. Esto no solo es aplicable al dibujo, ni solo a cualquier actividad creativa, sino a la vida en general. Si la imaginación no se usa, se adormece, permanece en estado de letargo y cada vez cuesta más esfuerzo despertarla. Lo mismo sucede al contrario, cuando se utiliza, cuando se piensa y se divaga demasiado, las ideas se acumulan en la cabeza y si no se liberan poco a poco la concentración es tal que pueden estallar.

Hace unos meses que no paro, que me meto cada vez en más fregados y proyectos relacionados con mi profesión, que voy de aquí para allá como una loca, queriendo hacer de todo a la vez. Y si no me relajo me puede dar un síncope de padre y muy señor mío, lo sé de buena tinta porque ya me pasó una vez y en aquel momento no conté con el arte para ayudarme a capear el temporal. Ahora que es mi aliado ya estoy notando la presión en la cabeza, las imágenes que desean salir a borbotones, y si no las libero van a estallar un día de estos.

Fijaos si bullo que hasta me ha dado por escribir un minicuento, a mí, que la idea de practicar la escritura creativa me paralizaba. Hasta de eso soy capaz ahora, así que creo que un simple dibujo de vez en cuando no va a ser suficiente. Mi mente está en ebullición y necesita de proyectos más ambiciosos, aunque sean personales y no profesionales.

El primer paso ha sido tomar la decisión de intentar tomarme mis actividades profesionales con calma. Ahí es donde entra el segundo paso. Esto es lo que voy a hacer con ese pequeño texto que he escrito y que, por el momento, permanecerá en secreto:

Este cuaderno se va a convertir en un libro ilustrado a mano. ¡Señor, dame tiempo!

Es una locura, y podría llevarme mucho tiempo. Pero la tengo en la cabeza y tengo que darle forma, antes de que estalle y se disperse. El arte es terapéutico, y necesito un poco de terapia para calmar mi mente y afrontar mis retos personales y mi futuro, para el que tengo muchos planes. Demasiado pensar puede ser contraproducente en medio de esta vorágine. Cuando dibujo no pienso, simplemente dibujo, y hay momentos en los que, simplemente, necesito dejar de pensar.

Veremos qué resulta de todo esto…