Herbst

Un año más las hojas empiezan a caer. Comienza mi estación favorita del año y, un año más, siento la tentación de lanzarme a por mis lápices de colores y dedicarle un dibujillo.

No hay otoño sin hojas que caigan, así que, mientras dibujaba, se me vino a la cabeza el poema que Rilke le dedicó a esta estación:

Y para terminar de rematar la faena, he desempolvado un poco mi alemán para añadir mi versión de la traducción de este poema:

Las hojas caen, caen desde lejos,
como mustias en los lejanos jardines del cielo;
caen con un ademán de negación.

Y en las noches cae la pesada tierra
fuera de todas las estrellas en la soledad.

Todos caemos. Esta mano cae.
Y mira a los demás: la caída está en todos.

Sin embargo hay uno que recoge estas caídas
con infinita ternura entre sus manos.

¡Feliz otoño a todos!

Una de bocetos (V)

¡Más bocetillos del año pasado para no dejar este blog del todo parado este verano!

Experimentando con animales: rotulador de punta fina y lápices de colores.

Una niña y su elefante rosa. Rotulador de punta fina y lápices de colores.

Blanco y negro. Rotulador de punta fina.

Lágrimas de la noche. Rotulador de punta fina, tinta blanca y un toque de plateado.

Una pequeña hada. Rotulador de punta fina y lápices de colores

Cualquier momento es bueno para practicar. La prueba es este bocetillo de 20 minutos que hice en mi Moleskine con un boli y un rotulador en la oficina, durante la hora libre para comer.

I’d like to be under the sea…

Comienza el verano, con el que no me llevo muy bien, y a mí me gustaría pasármelo durmiendo hasta que empiece el otoño, porque no soporto el calor, pero no me queda otra. Así que será mejor ser positiva y sumergirme, aunque sólo sea mentalmente, debajo del agua por un ratillo. Seguro que así se me refrescan las ideas y encaro esta estación, tan temida por mí, con un poco de optimismo, que siempre viene bien. Además, tengo demasiadas cosas por hacer este verano, así que o me lo tomo con optimismo o me hundo, esta vez metafóricamente hablando.

Como ya he dicho antes, lo de hundirse no está mal si le quitamos el sentido metafórico. Si pudiera convertirme en sirena durante tres meses al año, al menos estaría fresquita…

Una de bocetos (IV)

Como este mes apenas he podido dibujar nada, porque ando muy ocupada de mudanza, como ya advertí, voy a compensarlo con una nueva entrega de bocetos. Les toca el turno a los hechos en septiembre y octubre del año pasado:

Un hada rápida. Hecha con bolígrafo en mi Moleskine en apenas 15 minutos. Recuerdo que la hice a todo correr justo el día que volvía de mis vacaciones de verano.

Un pequeñísimo dibujo (tamaño A6) hecho a bolígrafo a partir de una de las fotos de un viaje a Roma que hice hace ya algunos años.

El producto resultante de un rato de aburrimiento en la oficina.

Otro boceto a pequeña escala (A6). Hecho con bolígrafo y lápices de colores. Mi idea es algún día hacer un cuadro o una versión a lápices de colores de mucho mayor tamaño.

Cantando bajo la lluvia. Bolígrafo y lápices de colores. Tamaño A6. Ultrarrápido. Tal vez unos 20 minutos.

Kathy y la Luna

En la Luna vivía una hermosa dama, que se enamoró de un campesino. Tuvieron un bebé, pero ella no podía quedarse en la Tierra, así que volvio a su hogar en la Luna, donde debía estar, y bajaba a visitar a su bebé de vez en cuando. Hasta que un día el campesino murió y el bebé se perdió y nadie lo volvió a ver, aunque cuentan que la Luna lo vigila y protege desde el cielo.
Esta es la historia que Kathy cuenta una y otra vez en el orfanato donde se ha criado desde que la encontraron, abandonada en el bosque, acunada por el aullido de los lobos. La niña, triste y extraña, siempre la ha recordado y nadie sabe de dónde o de quién la sacó…

Lápices de colores, tinta blanca y rotulador plateado sobre papel negro. Tamaño A3.

Esta historia me la inventé cuando tenía unos 11 años. En realidad es mucho más larga, y contenía más personajes. A Kathy la adoptaba una señora adinerada con un hijo de su misma edad, y ella se iría a vivir a su mansión y seguiría tan extraña como siempre. También aparecería una mujer muy hermosa que se había perdido y llegaría a la mansión una noche. Y sí, los lobos volverían a aparecer, de alguna manera. Ademas, había varias versiones diferentes de ciertas partes de la historia, especialmente en el relato de la Luna, el campesino y su bebé. De todos modos, nunca llegué a desarrollar la historia del todo, así que no hay necesidad de contar mucho más. Este dibujo es una especie de ilustración de esa historia.

Lo cierto es que de niña siempre me estaba inventando historias. Esta es tan sólo una de muchas. Nunca llegué a escribirlas, porque por extraño que os pueda parecer, no me gustaba escribir (de verdad de la buena). Tampoco se me ocurrió nunca hacerlo. No eran historias para ser escritas; simplemente me gustaba verlas en mi cabeza una y otra vez.

Quién sabe, tal vez un día de estos me dé por hacer más dibujos de aquellas historias inventadas de mi niñez que aún hoy en día sobreviven dentro de mi cabeza.

La cara desencajada…

…así se me quedó en octubre del año pasado cuando vi mi regalo de cumpleaños. Ya han pasado unos cuantos meses, pero es algo que, aunque tarde, no podía pasar por alto. Y es que para los 30 me habían reservado un regalo muuuuy especial:

¿Pero qué se esconde detrás de esos globos?

¡Sorpresaaaaaaa!

Sí, tal y como lo veis, se trataba de un mismísimo escáner A3 (también es impresora, aunque de momento no lo utilizo para esa función). Esto es algo por lo que llevaba suspirando desde hacía años. Resumiendo, que mis amigos están locos y tengo razón cuando digo que los quiero un montón. ¡Ya no he tenido que volver a la copistería desde entonces!

Y por supuesto, un regalazo así había que estrenarlo. Podría haberme puesto a escanear dibujos antiguos, pero no, esto se merecía algo nuevo, algo rapidito, sin muchas pretensiones, pero efectivo, que tenía mucho material y ya iba siendo hora de ir gastándolo de una vez. Por ejemplo, tengo ese bloc, precioso, de papel de colores. En realidad es para pastel, pero yo no sé usar pasteles aún y los lápices de colores se deslizan de maravilla por él. Tiene hojas en naranja, amarillo, gris, y las hojas del principio son de color azul.

Ah, el azul… me encanta el azul. Es frío, distante, pero tan bello a la vez. Sí, el azul iría perfecto; me puse manos a la obra, y en unas tres horitas ya tenía el resultado.

¡Ya está!

¡Qué ilusión! ¡Cabe perfectamente!

Y por supuesto, ya sólo faltaba lo más importante. Por fin, estrenar mi flamante regalo. Aquí está, el dibujo escaneado en todo su esplendor:

Fría belleza…

Y qué feliz que estoy con mi escáner desde entonces…

Personalizando cuadernos

Dibujar y pintar no es algo que tenga que limitarse a una hoja de papel o a un lienzo. Si te gusta, puedes sacarle partido y hacer que algo tuyo sea más personal, o aprovechar, por si tienes algún cumpleaños a la vista, para hacer un regalo único, personalizado y original. Siguiendo esta línea, voy a mostrar una de las cosas que me atreví a hacer el año pasado: dibujos a mano en la cubierta de un cuaderno.

¿Qué necesitamos? Pues lo más importante es la superficie en la que dibujar, que en este caso es un cuaderno Moleskine blando con la cubierta marrón en blanco. Los suelen vender de varios tamaños y en packs de tres a un precio bastante económico.

Moleskine es una marca de cuadernos y libretas muy conocida e utilizada por muchos escritores, dibujantes y demás, para escribir sus notas, hacer sus bocetos, tomar apuntes, etc. Las venden de todos los tamaños y colores, y este modelo en blanco con la cubierta marrón tiene un propósito: que hagas lo que te dé la gana con él y lo decores, dibujes, y tunees como mejor te parezca. Hay quien hace auténticas obras de arte en estas cubiertas.

Como soy una acaparadora de libretas y cuadernos de bocetos de todo tipo los Moleskine me llamaron la atención en cuanto los vi, por su variedad y por lo bien que van para llevarlos en el bolso a todas partes, y más cuando descubrí que tenían un modelo que se podía personalizar, así que me puse a ello. A continuación os mostraré paso a paso como utilicé algunos de ellos para hacer un par de regalos de cumpleaños. El primero, para una compañera de trabajo.

Lo principal, tratándose de un regalo personalizado, fue tener la idea de qué dibujar. Mi compañera me dijo que quería un dibujo en el que salieran un unicornio, un elfo, una cascada y un arco iris. La manera en la que estuvieran dispuestos en el dibujo y la composición quedaban a mi elección. Así que, en lugar de un dibujo corriente y moliente en una hoja de papel, decidí integrar estos elementos en la cubierta de un cuaderno para así regalarle una libreta única y expresamente hecha para ella.

Primero hice el boceto a lápiz. Pero el lápiz no termina de quedar bien en la textura de la cubierta de estas libretas, así que luego lo repasé con un rotulador de punta fina (un bolígrafo también sirve); después de eso, fui dándole color con mis lápices de colores poco a poco:

 

Después de colorear, volví a repasar con un poco de rotulador negro para acentuar las líneas. ¡Y voilá!

 Este es el resultado final escaneado:

El mismo proceso seguí con otro regalo, este para mi twin Yishana. Le personalicé dos cuadernos: uno pequeño y otro de tamaño mediano. Dado que ella es de la sangre del Dragón y le regalamos por su cumpleaños una camiseta Targaryen de “Juego de Tronos”, para acompañar el regalo le personalicé el cuaderno de tamaño mediano con el símbolo Targaryen (el dragón de tres cabezas) y un dibujo de Daenerys. Aquí lo podéis ver paso a paso:

El cuaderno pequeño se lo personalicé con un dibujo de ella en versión chibi en la cubierta delantera, y una recopilación de sus famosas “Yishana’s faces” en la trasera. No hay paso a paso porque fue un dibujo muy rápido, pero aquí tenéis la versión terminada:

Normalmente, una vez terminados, forro los cuadernos con forro adhesivo (el típico que se utiliza para forrar los libros de texto). Este último paso hay que hacerlo con paciencia y mucho cuidado, ya que pueden formarse burbujas o estropear el trabajo que hemos hecho si se despega, pero es recomendable para proteger el dibujo resultante.

Así que ya sabéis, sólo tenéis que coger unos cuadernos con la cubierta en blanco, unos cuantos materiales para dibujar o pintar, y echarle un poquito de imaginación, y tendréis un objeto personalizado, único y hecho a mano, ya sea para vosotros mismos o para alguien especial, y por supuesto con muchas hojas en blanco dentro para que su dueño las rellene como mejor le parezca.