Kathy y la Luna

En la Luna vivía una hermosa dama, que se enamoró de un campesino. Tuvieron un bebé, pero ella no podía quedarse en la Tierra, así que volvio a su hogar en la Luna, donde debía estar, y bajaba a visitar a su bebé de vez en cuando. Hasta que un día el campesino murió y el bebé se perdió y nadie lo volvió a ver, aunque cuentan que la Luna lo vigila y protege desde el cielo.
Esta es la historia que Kathy cuenta una y otra vez en el orfanato donde se ha criado desde que la encontraron, abandonada en el bosque, acunada por el aullido de los lobos. La niña, triste y extraña, siempre la ha recordado y nadie sabe de dónde o de quién la sacó…

Lápices de colores, tinta blanca y rotulador plateado sobre papel negro. Tamaño A3.

Esta historia me la inventé cuando tenía unos 11 años. En realidad es mucho más larga, y contenía más personajes. A Kathy la adoptaba una señora adinerada con un hijo de su misma edad, y ella se iría a vivir a su mansión y seguiría tan extraña como siempre. También aparecería una mujer muy hermosa que se había perdido y llegaría a la mansión una noche. Y sí, los lobos volverían a aparecer, de alguna manera. Ademas, había varias versiones diferentes de ciertas partes de la historia, especialmente en el relato de la Luna, el campesino y su bebé. De todos modos, nunca llegué a desarrollar la historia del todo, así que no hay necesidad de contar mucho más. Este dibujo es una especie de ilustración de esa historia.

Lo cierto es que de niña siempre me estaba inventando historias. Esta es tan sólo una de muchas. Nunca llegué a escribirlas, porque por extraño que os pueda parecer, no me gustaba escribir (de verdad de la buena). Tampoco se me ocurrió nunca hacerlo. No eran historias para ser escritas; simplemente me gustaba verlas en mi cabeza una y otra vez.

Quién sabe, tal vez un día de estos me dé por hacer más dibujos de aquellas historias inventadas de mi niñez que aún hoy en día sobreviven dentro de mi cabeza.

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Frío invernal…

¡Qué frío hace! Nos repetimos una y otra vez estos días. Es la comidilla del pueblo, del país, del continente entero. El hada invernal nos ha tocado con su varita mágica y de repente, como sucediera en aquel extracto de Fantasía, de Disney, el otoño dio paso al invierno, y ahora todo es nieve y hielo:

Esperemos que el frío no dure lo suficiente como para congelarnos las ideas, ni mucho menos los corazones. Que nuestra hada invernal particular sea buena y no nos traiga más que, como mucho, un simple resfriado:

Lápices de colores y tinta blanca sobre papel negro. 24 x 34 cms.

¡Feliz invierno a todos! Y abrigaos, que es lo que toca.

Noche de Brujas (y Hadas)

Sí ya sabía yo que esto de llegar a los 30 me iba a afectar… porque este año, por primera vez en mi vida, ¡he celebrado Halloween! Tampoco es que sea de los que van criticando por ahí y renegando de esta celebración porque sea un invento americano y hay que celebrar lo de aquí y todas esas cosas… simplemente nunca había tenido ocasión de celebrarlo. En mi tierra celebrábamos el Tostón, que viene a ser como aquí la Castañada, y viviendo fuera tampoco había llegado a hacerlo nunca. Pese a ser bruja y gustarme las cosas de terror, Halloween siempre me ha dado más o menos igual, pero esta vez, mira por donde, me salió un plan, así que hubo que aprovecharlo.

¿Y de qué podría disfrazarse una bruja como yo para Halloween?

¿Acaso lo dudabais?

Los ingredientes de la poción para convertirse en bruja de la manera más barata e improvisada posible son, a saber:

-Un gorro negro de bruja; el más barato que te encuentres en los chinos.

– Ropa negra variada que tengas por casa.

-Maquillaje oscuro y cara de mala (esa ya la llevo de serie).

-¡Y para dar el toque de gracia, esmalte de uñas negro y un poco de rotulador de tinta blanca!

Se mezclan todos los ingredientes, se agitan mientras se recita el conjuro… ¡Y este es el resultado!

Nunca los ojos rojos habían sido tan apropiados…

Como si necesitáramos disfrazarnos para demostrar al mundo lo brujas que somos… La fiesta tuvo lugar en la coctelería Torre Rosa, convenientemente decorada para la ocasión y que además ofrecía cócteles especiales. Pero la verdadera razón por la que acudimos allí fue para presenciar la actuación de nuestra querida Priscilla Hernández, que ataviada con vestido y alas negras, como un hada espectral, dio un miniconcierto en el local.

Esta actuación sirvió de pre-presentación de su nuevo trabajo, The Underliving. La presentación oficial será dentro de unos días en el Faeriecon, que se celebra en Baltimore, EEUU. El CD saldrá a la venta el próximo 15 de noviembre, pero ayer los presentes pudimos disfrutar de un pequeñísimo adelanto. En primer lugar, cantó Off the Lane (primer single del disco) y la preciosa Northern Lights, luego cantó Haunted, un tema de su anterior disco, Ancient Shadows, muy apropiado para la celebración, y The Underliving, el tema que da título a su nuevo trabajo. Después se sentó, y se puso más calmada con el arpa sobre su regazo, con la que nos cantó un tema inédito, y la canción dedicada a Totonika Nova. En resumen, fue una actuación breve pero intensa, en la que demostró su talento y su preciosa voz.

Además, Priscilla trajo una sorpresa con la que no contábamos: ¡Algunas copias de The Underliving en primicia! Así que algunos afortunados pudimos obtener nuestro libro-CD (llamarlo sólo CD me parece menospreciarlo) antes de su lanzamiento oficial. Los que la conocemos sabemos todo el trabajo y esfuerzo que hay detrás de este proyecto y tenerlo por fin en nuestras manos nos hizo una grandísima ilusión.

El libro-CD The Underliving es una maravilla, visual y musicalmente, pero me reservo para hacerle una reseña en condiciones en otro post, en el que lo analizaré a fondo. Hasta entonces, sólo diré que me parece una verdadera obra de arte. Permaneced atentos a su página web, porque muy pronto aquellos que lo deseen podrán hacerse con él.

Hasta más leer, ¡Feliz Halloween, Tostón, Castañada, Día de Todos los Santos, o lo que sea que hayáis celebrado en cada caso!

Bei der Laterne…

Hay canciones que, casi sin proponérselo, marcan una época, que se convierten en el himno de una generación, de un período histórico, y remueven las entrañas y hacen eco de las palabras de millones de personas a la vez, canciones que pueden poner de acuerdo y gustar por igual a varios bandos enfrentados entre sí encarnizadamente… es la magia y el poder de la música.
Poco de esto imaginaba el soldado alemán Hans Leip cuando, de camino al frente ruso durante la Primera Guerra Mundial, escribió una serie de poesías. Entre ellas se encontraba un simple y corto poema dedicado a una chica, a su amada tal vez, o quién sabe. El poema narraba como él se despedía de ella junto a una farola frente al cuartel.
Varios años después, en 1937, Leip publicó estos poemas, los cuales llegaron a manos del compositor Norbert Schultze. El poema antes mencionado le gustó, y decidió ponerle música y convertirlo en una canción titulada Das Mädchen unter der Laterne (‘La chica bajo la farola’). Sin embargo, fue con otro título con el que la canción pasó a la historia. Un año después se estrenó el tema, cantado por la cantante alemana Lale Andersen, con poco éxito de ventas y pasando sin pena ni gloria.
Ya en 1940, un suboficial de una compañía acorazada alemana, que resultaba ser de los pocos que tenían el disco, dejó oir la canción a sus compañeros, y les gustó tanto que la adoptaron como “su canción”. Enviaron a la compañía a formar parte del Afrika Korps, a cumplir órdenes al mando de Rommel, pero uno de los oficiales de la compañía fue trasladado a la recién ocupada Belgrado, para hacerse cargo de la emisora militar de radio de la ciudad, y se llevó consigo el disco. Desde allí emitió la canción por primera vez en agosto de 1941, dedicándosela a sus compañeros que se encontraban en el desierto norteafricano. A Rommel le encantó y pidió que se incluyera habitualmente en las emisiones de la radio. Comenzó a tener un gran éxito y desde todos los frentes llegaron peticiones para que se emitiera. Al final, la canción se hizo tan popular entre los soldados alemanes que la emisora de Belgrado acabó radiándola todos los días, a las 21:57 horas, como cierre de su programación. Pero no acabó ahí la cosa. La emisora tenía tal potencia que podía escucharse en numerosos lugares de la contienda, por lo que los soldados aliados la escuchaban también, y a su vez, y sin saber nada de lo anterior, también adoptaron el tema como “su canción”. Los soldados alemanes se sorprendieron cuando al hacer prisioneros enemigos comprobaban que la conocían.

Así, cada noche, a la misma hora, para los soldados de ambos bandos, inmersos en el sinsentido de una guerra encarnizada, el tiempo se paraba, mientras recordaban a sus novias, sus amadas, y todo lo que habían dejado a trás, esperándolos junto a una farola mientras escuchaban estas palabras:

Haciendo más pinitos con el papel negro... es más difícil de lo que parece.

.

Frente al cuartel,
delante del portón,
había una farola,
y aún se encuentra allí.
Allí volveremos a encontrarnos,
bajo la farola estaremos.
Como antes, Lili Marleen.

Nuestras dos sombras
parecían una sola.
Nos queríamos tanto
que daba esa impresion.
Y toda la gente lo verá,
cuando estemos bajo la farola.
Como antes, Lili Marleen.

Pronto llama el centinela
“Estan pasando revista
Esto te va a costar tres días”
Camarada, ya voy
Entonces nos decíamos adios
Me habría ido encantado contigo
Contigo, Lili Marleen.

Ella conocía tus pasos
tu elegante andar
todas las tardes ardía
aunque ya me había olvidado
Y si me pasara algo
¿Quién se pondría bajo la farola
Contigo?, Lili Marleen

Desde el espacio silencioso
Desde las tierras de la tierra
Me mantienen como en un sueño
tus adorables labios
Cuando la niebla nocturna se arremoline
yo estaré en la farola
Como antes, Lili Marleen

Según se dice, el éxito de la canción llamó la atención del Ministro de Propaganda Josef Goebbels. Tras escucharla, intentó prohibirla, ya que consideró que únicamente podía influir de forma negativa en la moral de las tropas y ordenó que fuera suprimida del repertorio de la emisora. Las protestas de los soldados fueron tales que Radio Belgrado tuvo que mantenerla en antena, pese a la opinión del Ministro, y siguió emitiéndose todas las noches. Además, la canción se tradujo a decenas de idiomas y ha sido versionada en infinidad de ocasiones. Es una de las canciones más famosas del siglo XX, se han escrito libros y hasta se han hecho películas sobre ella, y hasta a mí me emociona lo suficiente como para que le dedique un bocetillo.